¿Evidencias de tecnología aeroespacial antigua o simples malentendidos históricos? Un recorrido por la verdad científica detrás de dos de los artefactos más polémicos del mundo antiguo.
Adentrarse en el estudio de la arqueología alternativa es como navegar por un mar de espejismos. A menudo, lo que a primera vista parece el fuselaje de un cohete o un radar estelar, resulta ser, bajo el microscopio, un testimonio de la creatividad humana… o de su capacidad para el engaño.
Si bien la cuestión acerca de visitas alienígenas en la antigüedad es un tema de intenso debate popular, la ciencia no ha encontrado evidencias claras que respalden estas afirmaciones, existen sí, muchas obras de arte que llaman la atención por su simbolismo que sugiere seres de otros mundos, también son inspiradores los relatos y mitos de la antigüedad sobre visitas de «dioses» o seres sobrenaturales que dejaron lecciones a la humanidad. Dejemos esta cuestión en suspenso en espera de mejores análisis, pero toda evidencia material conocida puede y debe ser analizada con las herramientas disponibles. A continuación presentamos dos ejemplos populares en redes sociales que suelen aparecer juntos.
El «astronauta» de Toprakkale: una falsa reliquia

En la cima de nuestra investigación encontramos el llamado «Transbordador de Toprakkale». Visualmente, es una anomalía perfecta: un piloto en una cabina aerodinámica plasmada en yeso con un estilo y apariencia antiguos. Sin embargo, al aplicar el «carbono 14» del análisis crítico, la estructura colapsa. El objeto, fue supuestamente hallado en Tushpa (actual Toprakkale, Turquía), que pertenecía a la capital del antiguo reino de Urartu, no es de piedra milenaria, sino de una mezcla moderna de yeso y mármol pulverizado.
Es una analogía perfecta de un «caballo de Troya» mediático: parece un tesoro antiguo, pero por dentro solo contiene materiales del siglo XX. El objeto fue llevado al Museo de Arqueología de Estambul por un anticuario. Sin embargo, nunca fue exhibido formalmente como una pieza auténtica porque los análisis químicos y de estilo determinaron que era una falsificación moderna, el Dr. Alpay Pasinli, exdirector del museo, lo retiró de la vista pública no por censura, sino por rigor científico; exhibirlo como real sería equivalente a exponer un mapa de la Tierra Media de Tolkien en un atlas geográfico.
El planisferio de Nínive: Ciencia, no ficción

Este es un disco de arcilla auténtico: la tablilla K.8538. Aquí la ciencia es más asombrosa que la ficción. No es un mapa para naves espaciales, sino un astrolabio sumerio, una «computadora analógica» de barro. Este artefacto fue recuperado de la biblioteca subterránea del rey Asurbanipal en Nínive, Irak, y se consideró durante mucho tiempo una creación asiria. Sin embargo, análisis recientes han revelado una verdad sorprendente: esta enigmática tableta es, en realidad, un mapa estelar sumerio de 5.500 años, el instrumento astronómico más antiguo conocido de su tipo.
Imagina que este disco es un «GPS de 2,700 años». En lugar de satélites, los antiguos astrónomos sumerios usaban la geometría y la observación minuciosa para fijar las constelaciones en secciones de 45 grados. La interpretación de que muestra un asteroide estrellándose es el equivalente arqueológico a ver formas de animales en las nubes: una pareidolia técnica que no resiste el análisis de la filología cuneiforme. El objeto representa, en definitiva, un mapa estelar dividido en ocho secciones que muestran constelaciones, ángulos y observaciones astronómicas.
Investigadores como Alan Bond y Mark Hempsell propusieron en 2008 que la tablilla registraba el impacto de un asteroide en Köfels (Austria) en el 3123 a.C. Esta teoría fue ampliamente rechazada por la comunidad académica por errores en la traducción del cuneiforme.
En definitiva, toda afirmación extraordinaria requiere de evidencias extraordinarias que la respalden. En el primer caso el objeto es una falsificación ordinaria, mientras que el mapa estelar sumerio es realmente una maravilla… extraordinaria.

