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Un análisis de los sistemas de escritura del Cáucaso y el Cuerno de África revela coincidencias visuales y estructurales que sugieren un contacto histórico directo en el siglo IV, desafiando la idea de desarrollos aislados.

La historia de la escritura ha dado un giro inesperado. Según el material analizado, los alfabetos armenio y georgiano presentan una semejanza física y estructural tan marcada con el antiguo sistema etíope (Ge’ez) que la comunidad de investigadores descarta la casualidad. Este hallazgo apunta a que el proceso de creación de estas escrituras, ocurrido hace más de 1.600 años, pudo haber tenido una fuente de inspiración común.

Daniel Zemene, primer autor del estudio e investigador en IA del laboratorio NanoFAB de la SDSU, destacó una revelación asombrosa: la convergencia entre el cálculo algorítmico y la crónica histórica. Sin haber sido alimentado con registros del pasado, el modelo analizó exclusivamente patrones visuales y estructurales para llegar a una conclusión contundente: el alfabeto armenio es el pariente arquitectónico más cercano al etiópico. Para Zemene, que una máquina identifique de forma autónoma el mismo vínculo que los historiadores han debatido durante siglos, dota a esta hipótesis de una validez científica sin precedentes.

Una arquitectura compartida

Aunque miles de kilómetros separan a Armenia y Georgia de Etiopía, la forma de sus caracteres y la lógica de sus trazos parecen seguir un patrón unificado. El sistema etíope habría servido de referencia técnica para los monjes y eruditos que diseñaron los alfabetos del Cáucaso durante el siglo IV d.C.

A diferencia de otros sistemas que evolucionaron de forma orgánica, estos alfabetos parecen haber sido «diseñados» con una intención clara: facilitar la traducción de textos religiosos. Esta necesidad tecnológica y cultural habría creado un puente de información entre estas regiones remotas, permitiendo que el modelo de escritura etíope viajara hacia el norte.

La historia oficial atribuye la creación del alfabeto armenio a Mesrop Mashtots en el año 405 d.C., con el fin de traducir la Biblia. Sin embargo, la investigación del Dr. Ayele Bekerie sugiere que Mashtots no trabajó desde una hoja en blanco. Al comparar el sistema Ge’ez de Etiopía con los alfabetos armenio y georgiano, surgen coincidencias que desafían la distancia geográfica.

El hallazgo principal radica en la morfología. Según el Dr. Bekerie, existen al menos 10 caracteres en los que la similitud es prácticamente idéntica en forma y, en algunos casos, en el valor fonético. Esta estructura no se limita a la estética; el orden de los alfabetos y la organización de los grafemas muestran una «gramática visual» que parece haber viajado desde el Cuerno de África hacia las montañas del Cáucaso.

Aksum como Centro de Innovación

El Reino de Aksum (actual Etiopía y Eritrea) ya poseía un sistema de escritura avanzado y sofisticado, el Ge’ez, antes de que Armenia y Georgia desarrollaran los suyos. El Dr. Bekerie argumenta que la influencia de la cultura aksumita fue subestimada por la historiografía. El hecho de que estas tres naciones fueran las primeras en adoptar el cristianismo como religión oficial refuerza la teoría de un corredor cultural donde los escribas intercambiaban modelos de diseño tipográfico para estandarizar sus textos sagrados.

El artículo subraya que las coincidencias no son superficiales; afectan a la estructura misma de los grafemas. Este fenómeno sugiere que los creadores de estas lenguas no trabajaron en el vacío, sino que formaban parte de una red de intercambio de conocimientos que la historia moderna apenas está comenzando a mapear.

Por Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.