Científicos de la UTPL identificaron una nueva especie arbórea que resuelve una laguna biogeográfica de medio siglo en los bosques más amenazados de Ecuador.
Durante casi cincuenta años, una identidad botánica permaneció en las sombras de los bosques secos del sur de Ecuador. Desde que el botánico Douglas Daly recolectó el primer ejemplar en 1978, la ciencia sospechaba de su existencia, pero no fue hasta ahora que el equipo de Jorge Armijos-Barros y sus colaboradores de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) han confirmado que estamos ante un sobreviviente único: la Spirotheca zapotillana.
Un diseño evolutivo de precisión
Este árbol no es un habitante común. Alcanza los 15 metros de altura y su tronco está defendido por espinas cónicas, una armadura natural que a menudo lo hacía confundirse con la conocida Ceiba insignis. Sin embargo, el secreto de su linaje reside en sus flores. El género Spirotheca debe su nombre a un mecanismo floral fascinante: sus anteras están enrolladas como diminutos resortes en espiral antes de abrirse al mundo.
A diferencia de sus parientes más cercanos, la Spirotheca zapotillana luce pétalos carnosos de un rojo intenso que brotan durante la estación más dura, la sequía. Cuando sus frutos maduran, liberan semillas protegidas por un kapok o algodón de color café, una diferencia crítica frente al algodón blanco de otras especies similares.

El hallazgo, publicado en la prestigiosa revista científica PhytoKeys, no solo añade un nombre a la taxonomía global; resuelve un rompecabezas biogeográfico. La presencia de esta especie en el Pacífico ecuatorial sugiere una conexión evolutiva antigua con poblaciones de bosques secos en Colombia y Brasil, separadas hoy por más de 4,000 kilómetros. Es, en esencia, un testigo vivo de cómo los ecosistemas de América del Sur estuvieron interconectados hace milenios.
A pesar de su reciente «debut» oficial, la especie nace bajo una sombra preocupante. Los investigadores han clasificado a la Spirotheca zapotillana «En Peligro» (EN). Su hogar es extremadamente reducido —apenas 52 km² en las laderas rocosas de Loja y El Oro— y su supervivencia está amenazada por la presión de la ganadería y la degradación de uno de los ecosistemas más vulnerables del planeta: el bosque tropical estacionalmente seco.
Con información de PhytoKeys.

