1. Home
  2. /
  3. Publicaciones
  4. /
  5. Tierra
  6. /
  7. Glaciología
  8. /
  9. La Antártida vuelve a...

Tres décadas de datos del Landsat revela que la superficie vegetal de la Península Antártica se ha multiplicado por diez, acelerando su expansión en el último lustro debido al cambio climático.

Nuestros satélites han detectado una metamorfosis silenciosa en el confín del mundo. Donde antes imperaba el dominio absoluto del hielo y la roca desnuda, hoy se extiende una incipiente red de vida. Según el equipo liderado por Thomas P. Roland y Oliver T. Bartlett, la Península Antártica está experimentando un proceso de «reverdecimiento» que desafía la inercia histórica del continente blanco.

Utilizando la potencia de procesamiento de Google Earth Engine para escudriñar los archivos de las misiones Landsat, los científicos han cartografiado un cambio radical: en 1986, la vegetación apenas reclamaba 0.863 km²; para 2021, esa cifra se disparó hasta los 11.947 km². Es como si una ciudad entera de musgos hubiera emergido del permafrost en menos de cuarenta años.

La analogía es clara: los ecosistemas de musgos actúan como colonizadores pioneros, similares a los que transforman la tundra ártica. Estas alfombras verdes no solo crecen en vertical, acumulando materia orgánica, sino que se expanden lateralmente sobre la roca liberada por el retroceso de los glaciares. La metodología empleada, centrada en el índice NDVI, permite confirmar con una certeza casi absoluta la presencia de clorofila donde antes solo había píxeles grises.

Sin embargo, este avance no es uniforme. La expedición digital detectó que entre 2016 y 2021 la tasa de crecimiento saltó a 0.424 km² por año, un incremento del 30% respecto al promedio histórico del estudio. Este pulso verde coincide con un declive marcado en la extensión del hielo marino, lo que sugiere un ambiente más cálido y húmedo, propicio para el desarrollo de suelos y la posible llegada de especies invasoras que podrían viajar como polizones en el calzado de turistas e investigadores.

Áreas con vegetación (a menos de 300 metros sobre el nivel del mar) en cuatro años representativos:  1986, 2004, 2016 y 2021. Crédito: Roland, T. P., (et al) / Nature Geoscience.
Áreas con vegetación (a menos de 300 metros sobre el nivel del mar) en cuatro años representativos: 1986, 2004, 2016 y 2021. Crédito: Roland, T. P., (et al) / Nature Geoscience.

Este fenómeno ya ocurrió en el pasado

Los registros paleoclimáticos nos revelan que el actual despertar esmeralda de la Antártida tiene ecos en su pasado profundo, como si el continente blanco guardara memoria de eras más cálidas. Investigaciones en la Península Antártica, basadas en la extracción de núcleos de turba de musgo profundo en locaciones como la Isla Elefante y la Isla Verde, demuestran que durante el Holoceno tardío ocurrieron variaciones similares en la temperatura superficial. Las tasas de acumulación de biomasa y el análisis de isótopos de oxígeno y carbono en estos archivos geológicos indican importantes picos de productividad biológica milenios atrás. Estos antiguos pulsos de vida funcionaron como auténticos termómetros y medidores de humedad, impulsados por cambios naturales en la fuerza de los vientos del oeste y fluctuaciones en el Modo Anular del Sur (SAM), permitiendo la consolidación de oasis mucho antes de la era industrial.

En la Tierra de la Reina Maud (Dronning Maud Land), las expediciones han desenterrado evidencia aún más antigua de esta tenacidad botánica. En los sedimentos lacustres del Oasis de Schirmacher, la estratigrafía reveló restos subfósiles intactos del musgo Pohlia nutans, datados por radiocarbono con una antigüedad de 10.650 años (Holoceno temprano). La excepcional preservación de sus delicadas hojas, ejes y rizomas bajo casi dos metros de arcilla negra verdosa confirma que, justo después del retroceso glacial post-Pleistoceno, especies colonizadoras aprovecharon las primeras y efímeras ventanas de deshielo para tejer una resistente red de vida terrestre sobre la roca desnuda.

Fuentes:

  • Roland, T. P., Bartlett, O. T., Charman, D. J., Anderson, K., Hodgson, D. A., Amesbury, M. J., Maclean, I., Fretwell, P. T., & Fleming, A. (2024). Sustained greening of the Antarctic Peninsula observed from satellites. Nature Geoscience, 17, 1121-1126. https://doi.org/10.1038/s41561-024-01564-5
  • Dan J. Charman, Matthew J. Amesbury, Thomas P. Roland, Jessica Royles, Dominic A. Hodgson, Peter Convey, Howard Griffiths; Spatially coherent late Holocene Antarctic Peninsula surface air temperature variability. Geology 2018;; 46 (12): 1071–1074. doi: https://doi.org/10.1130/G45347.1
  • Singh SM, Ochyra R, Pednekar SM, Asthana R, Ravindra R. A Holocene moss species preserved in lake sediment core and the present moss diversity at Schirmacher Oasis, Antarctica. Antarctic Science. 2012;24(4):353-358. doi:10.1017/S0954102012000211
  • Stelling, Jonathan & Yu, Zicheng. (2019). Regional Climate Change Recorded in Moss Oxygen and Carbon Isotopes from a Late Holocene Peat Archive in the Western Antarctic Peninsula. Geosciences. 9. 282. 10.3390/geosciences9070282.

Por Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.