La Academia China de Ciencias (CAS) dejará de financiar las costosas tasas de publicación en revistas internacionales de «Open Access», obligando a más de 50.000 científicos a buscar alternativas.
Imagina que después de escalar el Everest de la investigación —años de laboratorio, datos y noches en vela—, el guía te dice que para que el mundo sepa que llegaste a la cima, debes pagar el equivalente a un coche nuevo. Ese es el dilema de los investigadores chinos. Hasta hoy, el sistema de «acceso abierto» funcionaba bajo la premisa de «paga quien publica, lee quien quiera». Sin embargo, las facturas han escalado hasta los 4.200 euros por artículo (y en casos extremos, mucho más), una cifra que el gigante asiático ya no está dispuesto a tolerar.
La decisión de la Academia China de Ciencias (CAS) no es solo un recorte presupuestario; es un movimiento de ajedrez geopolítico. Al dejar de abonar estas tasas (conocidas como APC), China busca asfixiar el modelo económico de las grandes editoriales occidentales y, simultáneamente, potenciar sus propias revistas científicas. Es un plan estatal para crear un ecosistema propio de prestigio global, donde el conocimiento no tenga un peaje tan alto para el emisor.
Este cambio de paradigma pone en jaque a cabeceras de élite como Nature Communications o Science Advances. Si los científicos chinos —que producen una parte masiva de los papers mundiales— se ven obligados a usar fondos externos o a publicar en revistas locales, el eje de gravedad de la divulgación científica podría desplazarse de Occidente a Oriente en menos de una década.
Este movimiento coincide con una estrategia fiscal china para 2026 orientada a la eficiencia del gasto público. La medida abre una ventana de oportunidad para el desarrollo de plataformas de publicación nacionales y startups de tecnología educativa (EdTech) en Asia, que podrían captar el flujo de publicaciones que antes terminaba en editoriales europeas o estadounidenses. Si EE. UU. (a través del NIH) decide seguir pasos similares, el modelo de negocio de las editoriales científicas tradicionales podría enfrentarse a una crisis de liquidez sin precedentes.
Otros países también están considerando tomar medidas similares para reducir este tipo de gastos, pero sin restricciones como las chinas. En Estados Unidos, por ejemplo, los Institutos Nacionales de Salud del país (NIH, por sus siglas en inglés) están considerando adoptar esta decisión.
Con información de agencias.

