La misión Artemis II de la NASA despegará, marcando el primer viaje tripulado a las cercanías de la Luna desde 1972. Este hito validará los sistemas de soporte vital que permitirán a la humanidad establecer una presencia sostenible en el espacio profundo.
Hoy, el cielo de Florida se iluminará con la fuerza de 8.8 millones de libras de empuje. El cohete Space Launch System (SLS), descrito por el administrador de la NASA como «la catedral de la ingeniería moderna», ha puesto en órbita a la nave Orion con cuatro astronautas a bordo. Tras décadas de exploración mediante robots, el programa Artemis devuelve los ojos humanos al paisaje lunar, no como una visita fugaz, sino como el ensayo general para habitar otros mundos.
Los protagonistas del ascenso
La tripulación está compuesta por el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover (el primer afrodescendiente en una misión lunar), la especialista de misión Christina Koch (la primera mujer que viaja hacia la Luna) y el canadiense Jeremy Hansen. Según el astrofísico Jonathan McDowell, del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics, este equipo no solo lleva ciencia, sino una representación más equitativa de la especie humana que sus predecesores del programa Apollo.
Anatomía de la misión
La misión, con una duración prevista de 10 días, no aterrizará en la superficie. En su lugar, ejecutará una trayectoria de retorno libre. Imagine que la nave es una piedra lanzada con una honda: la gravedad de la Luna actuará como el pivote que «sujeta» a Orion, dándole la vuelta para lanzarla de regreso a la Tierra sin necesidad de encender los motores principales para el retorno.
Durante las primeras 24 horas, la tripulación permanecerá en una órbita terrestre alta para verificar que los sistemas de soporte vital —el complejo pulmón artificial que regula el oxígeno y filtra el CO₂— funcionen perfectamente. Una vez confirmado, el motor del Módulo de Servicio Europeo (ESA) realizará la inyección translunar.
Desafíos técnicos y científicos
Uno de los puntos críticos que monitorearán los ingenieros es el comportamiento del escudo térmico de Orion. Al regresar, la cápsula golpeará la atmósfera a unos 40,000 km/h, enfrentando temperaturas de 2,800°C. «Es como intentar que un bloque de hielo sobreviva dentro de un horno de fundición», explican técnicos del Centro Espacial Kennedy.
Además, los astronautas realizarán experimentos de radiobiología para medir el impacto de la radiación cósmica fuera de la protección del campo magnético terrestre. Estos datos son vitales para la futura exploración de Marte, donde el Homo sapiens enfrentará exposiciones prolongadas a partículas solares.
El futuro en el horizonte
Artemis II es el puente hacia Artemis III, que busca llevar a la primera mujer al Polo Sur lunar. Con este lanzamiento, la humanidad deja de ser una especie ligada exclusivamente a la órbita baja para reclamar su lugar entre los astros. Como bien señaló la tripulación antes de subir a la torre de lanzamiento: «No vamos solos; vamos en nombre de todos».

