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High Altitude Venus Operational Concept. Imagen: NASAHigh Altitude Venus Operational Concept. Imagen: NASA

Un equipo del MIT propone globos robóticos capaces de «respirar» la atmósfera venusina para generar su propio combustible y flotabilidad. La tecnología permitiría misiones de una década de duración.

Explorar la superficie de Venus es, hasta hoy, una misión suicida debido a sus 464 °C y presiones aplastantes. Sin embargo, a unos 50 kilómetros de altura, las condiciones son extrañamente similares a las de la Tierra. El problema histórico ha sido la fuga de helio: los globos convencionales pierden gas y caen al abismo térmico en cuestión de semanas.

Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) han diseñado una solución audaz: un aerobot de 12,5 metros de diámetro que utiliza la electrólisis de dióxido de carbono con óxido sólido. En lugar de llevar todo su combustible desde la Tierra, este robot «digiere» el CO2 atmosférico para producir oxígeno y monóxido de carbono. Estos gases actúan como un salvavidas renovable, manteniendo la flotabilidad y generando los 10 vatios de potencia necesarios para operar sus instrumentos.

la Utilización de Recursos in Situ (ISRU) podría prolongar la vida útil de los aerobots utilizando electrólisis para convertir el dióxido de carbono atmosférico (CO2) en productos gaseosos flotantes y fuente de energía. Pero, el valor del ISRU no se limita a extender la vida útil del aerobot, sino que también podría aumentar su capacidad de carga, añadir control de altitud, sondas de caída y otros elementos desplegables.

La propuesta fue dirigida por Kyle Horn, candidato a doctorado del Departamento de Aeronáutica y Astronáutica del MIT. Con investigadores del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, el Observatorio Haystack del MIT y – OxEon Energy LLC. Su propuesta fue presentada en la Conferencia de Ciencias Planetarias Lunares 2026, que tuvo lugar del 16 al 20 de marzo de 2026 en The Woodlands, Texas.

Este avance transforma una misión de reconocimiento de cuatro meses en una expedición científica de 10 años. Con esta longevidad, el aerobot podrá escuchar los «terremotos» venusinos (sismología por infrasonido), mapear anomalías magnéticas y rastrear cómo cambia la química del azufre a lo largo de múltiples ciclos orbitales. Ya no se trata de una visita fugaz, sino de establecer un vigía permanente en las nubes ácidas de nuestro vecino planetario.

Por Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.