Nuevas evidencias fósiles revelan que los bebés neandertales alcanzaban hitos de desarrollo físico mucho más rápido que los humanos modernos, desafiando nuestra comprensión de la evolución homínida.
El estudio de la infancia en especies extintas es uno de los mayores retos de la paleoantropología debido a la fragilidad de los huesos juveniles. Sin embargo, el análisis del ejemplar Amud 7, un infante neandertal de entre 6 y 14 meses hallado en la Cueva de Amud (Israel), ha proporcionado datos reveladores. Según la investigación liderada por la Dra. Ella Been y un equipo internacional, los neandertales no solo tenían cerebros grandes desde el nacimiento, sino que su cuerpo se desarrollaba a una velocidad sorprendente.
A diferencia de los bebés de Homo sapiens, que tienen un periodo de infancia prolongado para permitir el desarrollo cerebral y social, Amud 7 muestra un desarrollo óseo y dental que sugiere una estrategia de «crecimiento rápido». Esta aceleración biológica podría haber sido una adaptación evolutiva para sobrevivir en entornos de alto estrés ambiental o para alcanzar la madurez física necesaria en un menor tiempo. La metodología aplicada, que incluyó escaneos de alta resolución, confirmó que, aunque el ejemplar tiene claras afinidades taxonómicas con otros neandertales europeos y levantinos, su ritmo metabólico de construcción ósea superaba los estándares observados en nuestra propia especie a la misma edad cronológica.
El análisis del esmalte dental de Amud7, el bebé neandertal que vivió hace unos 56.000 años, nos habla de un lactante que tenía 6 meses de edad cuando murió. Sin embargo, su desarrollo físico, por el tamaño de los huesos largos y la maduración del cráneo, era equivalente al de un niño de nuestra especie de entre 12 y 14 meses.
La rápida maduración de los infantes neandertales fue una estrategia biológica para sobrevivir en entornos extremadamente hostiles y gélidos, permitiendo que las crías fueran autónomas lo antes posible. Por otro lado, el estudio de los fragmentos óseos del pobre Amud 7 confirmó que rasgos típicamente neandertales como la robustez ósea, la clavícula curvada y la falta de mentón ya estaban presentes desde el nacimiento, lo que indica que eran características genéticas y no solo moldeadas por el entorno.

