Científicos de la Universidad de Chile revelaron cuatro especies botánicas totalmente desconocidas en las laderas y quebradas de las zonas centro y sur de Chile.
Imagina un ser mágico de tonalidades púrpura y verde que despliega sus pétalos apuntando hacia el suelo, simulando flotar sobre el manto del bosque. No es una criatura mitológica, sino una de las cuatro asombrosas especies florales recién descubiertas en la zona centro y sur de Chile. Tras una rigurosa expedición científica y molecular que se extendió por casi siete años, botánicos chilenos han logrado mapear y describir estos tesoros biológicos que han permanecido ocultos ante los ojos humanos y que resultan ser parientes silvestres cercanos del ajo y la cebolla que consumimos a diario. Tras más de seis años de rastreos y secuenciación de ADN, los expertos alertan que este tesoro evolutivo ya enfrenta una amenaza crítica de extinción.
El hallazgo, liderado por el Dr. Nicolás García y la asistente de herbario Paula Zúñiga-Acevedo de la Universidad de Chile, desentierra una rama filogenética única. Estas plantas comparten una arquitectura floral fascinante: poseen flores zigomorfas, lo que significa que están dotadas de un solo plano de simetría irregular. Esta caprichosa geometría botánica actúa como un imán evolutivo para los polinizadores en entornos silvestres sumamente específicos de la zona central, donde crecen resguardadas en laderas andinas.


Para confirmar que estas plantas eran completamente nuevas para la ciencia y no variaciones de especies registradas, el equipo investigador recurrió al análisis genético de alta precisión, aislando y secuenciando regiones específicas de su ADN. De esta forma, el análisis filogenético no solo validó la originalidad de las cuatro especies, sino que propuso una reestructuración evolutiva más amplia dentro del género Gilliesia, sugiriendo la incorporación de otros grupos botánicos (Solaria, Gethyum y Ancrumia) bajo una misma gran herencia evolutiva.
El mapa de este tesoro verde revela una distribución geográfica extremadamente reducida. En las alturas del Cerro La Sepultura —un imponente bloque de la Cordillera de la Costa que se yergue entre el río Cachapoal y el río Tinguiririca— habita la Cometa de La Sepultura (Gilliesia reflexa). Mientras tanto, refugiado en apenas dos localidades de muy difícil acceso en la precordillera de O’Higgins, se esconde el Tesoro precordillerano (Miersia subandina), una flor de tépalos alargados púrpuras con estrías burdeo y un brillante centro blanco. El inventario lo completan la enigmática Hadita de Nahuelbuta (Miersia nahuelbutensis), detectada en Biobío y La Araucanía, y el Look de insecto volador (Gilliesia taguataguensis), cuyas flores de gran tamaño emulan a un insecto suspendido en el aire en los cerros de San Vicente de Tagua Tagua y San Fernando.


Sin embargo, el asombro del descubrimiento viene acompañado de una urgente señal de socorro. Las evaluaciones preliminares del equipo de científicos indican que el ecosistema que habitan, fuertemente presionado por la actividad humana y la degradación del hábitat, las ha puesto en jaque. La situación es alarmante: la Cometa de La Sepultura (G. reflexa) ha sido catalogada preliminarmente «En Peligro Crítico» (CR), el umbral inmediato anterior a la desaparición absoluta en estado silvestre, mientras que sus tres compañeras cumplen rigurosamente con los criterios para ser consideradas «En Peligro» (EN). Como bien sentencian los exploradores y autores de la Universidad de Chile: no es posible proteger aquello que la ciencia ni siquiera conoce. El reloj corre para salvaguardar estos eslabones genéticos del patrimonio natural sudamericano.
Con información de Phytokeys.

