Paleontólogos desentierran en Níger al Spinosaurus mirabilis, una nueva especie de 13 metros de largo dotada de una espectacular cresta craneal que reescribe la evolución y el hábitat de los mayores depredadores del Cretácico.
Bajo el inclemente sol del Sáhara, a más de 40 grados de temperatura y rompiendo un aislamiento de dunas en la remota región nigerina de Jenguebi, la paleontología ha vivido su momento más emocionante en un siglo. Guiados por la experticia del tuareg Abdul Nasser, un equipo de 20 exploradores liderado por el célebre paleontólogo Paul Sereno, de la Universidad de Chicago, ha desenterrado los restos fósiles de una criatura colosal que redefine el árbol genealógico de los dinosaurios: el Spinosaurus mirabilis o «espinosaurio maravilloso».
Este titán prehistórico, que llegó a medir unos 13 metros de longitud y a pesar cerca de 7 toneladas, destaca de inmediato por una característica anatómica jamás vista: una imponente cresta ósea en forma de sable curvado. El hallazgo de esta estructura craneal —una pieza extremadamente frágil y milagrosa de conservar tras 95 millones de años— fue realizado por el paleontólogo español Daniel Vidal. Lejos de constituir un arma física de ataque, los investigadores postulan que esta cresta funcionaba como una colorida señal de exhibición visual para comunicarse y destacar ante sus congéneres, de forma similar a como lo hacen ciertas aves acuáticas en la actualidad.

El descubrimiento de esta segunda especie de espinosaurio (desde que se describiera el Spinosaurus aegyptiacus en 1915) sacude por completo las teorías vigentes sobre el comportamiento de estos animales. Hasta ahora, la comunidad científica asumía que los espinosáuridos estaban estrechamente ligados a ecosistemas puramente costeros y marinos. Sin embargo, los fósiles del Spinosaurus mirabilis emergieron de un antiguo entorno fluvial y boscoso de carácter marcadamente continental, muy alejado de las costas de la época. Su largo hocico y sus dientes entrelazados funcionaban como una perfecta trampa biomecánica que le permitía sumergirse inmóvil en los ríos interiores para capturar peces de gran tamaño mientras continuaba respirando en la superficie. Al final de su linaje, este ecosistema sufrió un incremento radical de las temperaturas y cambios severos en el nivel del mar, lo que propició su progresiva decadencia y posterior extinción en hábitats ecuatoriales.
Con información de Science.

