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Un nuevo estudio global revela que la migración altitudinal no es un capricho térmico, sino una estrategia crítica de eficiencia energética para la supervivencia de las aves.

Las aves de montaña se desplazan también en altura para equilibrar su presupuesto calórico, funcionando bajo las mismas leyes ecológicas que las grandes migraciones continentales. Variables como la temperatura y el acceso a los alimentos influencian este comportamiento.

Durante décadas, los científicos se preguntaron por qué algunas aves de montaña suben y bajan laderas en lugar de volar miles de kilómetros hacia el sur. Un equipo liderado por investigadores de la Academia Sinica y la University of East Anglia ha descifrado el código: todo se reduce a la Hipótesis de la Eficiencia Energética. Utilizando el simulador SEDS, el equipo modeló cómo las aves gestionan su «presupuesto» de energía frente a la disponibilidad de recursos y el costo de mantener la temperatura corporal. Para rastrear estos desplazamientos, analizaron listas de eBird agrupadas por intervalos de 200 metros de altura. Así identificaron con qué frecuencia cada especie aparecía en distintas elevaciones en verano e invierno y detectaron los cambios de altitud entre estaciones.

En el estudio se analizaron 3,006 especies de aves pertenecientes a la orden Passeriformes (pájaros cantores/percurrentes). Aunque el modelo es global, se validó con datos empíricos de 34 laderas de montañas. Especies ejemplo citadas en el contexto de migración altitudinal incluyeron al Junco hyemalis (Junco ojioscuro), Zonotrichia leucophrys (Gorrión de corona blanca), Setophaga pusilla (Reinita de Wilson), y Regulus calendula (Reyezuelo de moño rojo).

Más allá del termómetro

A diferencia de lo que se creía, las aves no siempre persiguen su «nicho térmico» ideal con fidelidad. El estudio demostró que muchas especies prefieren soportar temperaturas subóptimas si eso significa gastar menos energía en el traslado o si la oferta de alimento en su ubicación actual es suficiente para cubrir el costo metabólico. Los resultados, basados en datos de 34 laderas montañosas en todo el mundo, muestran que la migración altitudinal cumple exactamente la misma función ecológica que la migración latitudinal de larga distancia: la optimización del balance energético estacional.

La metodología fue rigurosa: se compararon simulaciones de poblaciones sedentarias frente a poblaciones migrantes. En los modelos, las poblaciones que migraban altitudinalmente mostraron una correlación casi perfecta con los patrones de riqueza de especies observados en la naturaleza. Este hallazgo es fundamental para predecir cómo el cambio climático afectará a estas especies, ya que su supervivencia depende de una delicada ecuación matemática entre las calorías que encuentran y las que queman para no congelarse.

El estudio reveló que el 31,1% de las poblaciones que pasan todo el año en las laderas suben o bajan más de 200 metros entre una estación y otra. Mostrando que la vida en las alturas está lejos de ser estática. Este fenómeno no se limita a los climas fríos ni a estaciones. La migración altitudinal está muy extendida incluso dentro de los trópicos ecuatoriales a pesar de la estacionalidad mínima de temperatura en estas regiones.

Por Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.