En un hito para la botánica sudamericana, investigadores descubren una nueva especie cicadácea que tolera la falta de oxígeno en los suelos inundables de la Amazonía peruana.
En el corazón de la región de Loreto, donde el agua y la selva se fusionan en un abrazo eterno, la ciencia acaba de desenterrar un secreto que ha sobrevivido desde la era de los dinosaurios. Se trata de la Zamia urarinorum, una planta que pertenece al orden de las Cycadales, un linaje tan antiguo que a menudo se describe como un «fósil viviente». Lo que hace a este hallazgo extraordinario no es solo su linaje, sino su asombrosa ingeniería evolutiva: a diferencia de la mayoría de sus parientes, esta planta ha desarrollado una tolerancia fisiológica única para prosperar en suelos saturados de agua, donde el oxígeno es prácticamente inexistente.
La expedición, liderada por Ricardo Zárate del IIAP junto a expertos internacionales como Michael Calonje, identificó esta especie en los ecosistemas de aguajales y bosques de shebonal. Morfológicamente, la Zamia urarinorum es una gigante discreta; posee tallos delgados pero coronados por hojas imponentes que pueden alcanzar los 2,5 metros de longitud. Al ser una especie dioica, la supervivencia de su linaje depende de la coexistencia de individuos macho y hembra claramente diferenciados, cuyos conos reproductivos son más pequeños que los de otras especies del género Zamia.
Este descubrimiento, documentado recientemente en la revista especializada Phytotaxa, no solo añade una página al inventario biológico del Perú, sino que subraya el papel crítico de estos vegetales en la regulación hídrica y el almacenamiento de carbono. Sin embargo, la celebración es cautelosa: los científicos advierten que la expansión agrícola y los riesgos de derrames petroleros en la zona sitúan a esta reliquia botánica en un estado de vulnerabilidad inmediata según los estándares de la UICN.
Al ser una especie dioica (con individuos unisexuales), la ‘Zamia urarinorum’ presenta plantas macho y hembra diferenciadas, cuyas estructuras reproductivas muestran tonos entre marrón oscuro y verde amarillento. Su presencia es vital para los ecosistemas de aguajales y bosques de shebonal, que son áreas clave para la regulación hídrica y el almacenamiento de carbono en la Amazonía.
Con información de Phytotaxa.


