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Reconstrucción del hombre de cobre de Chuquicamata. Imagen: IA / prompt: Danny Ayala Hinojosa.Reconstrucción del hombre de cobre de Chuquicamata. Imagen: IA / prompt: Danny Ayala Hinojosa.

Una calurosa tarde del año 550 d.C., un minero quedó sepultado en las entrañas del desierto de Atacama; catorce siglos después, su cuerpo momificado por la química de la tierra desató una de las tramas de codicia, engaños y especulación financiera más asombrosas de la arqueología moderna.

Hace mil quinientos años, el desierto de Atacama ya era territorio de audaces ingenieros prehispánicos. En los estrechos e inclementes túneles de la actual Chuquicamata, un minero de la cultura atacameña se adentraba en la roca casi a oscuras, arrastrándose en galerías subterráneas para extraer atacamita (un mineral que contiene cobre). Provisto de martillos de piedra con mangos de madera, cestos de fibra vegetal y capachos de cuero de llama, buscaba con precisión quirúrgica vetas de atacamita y turquesa. Estos valiosos recursos no solo abastecían los centros metalúrgicos de Calama o Chiu Chiu para confeccionar hachas, cinceles y ornamentos sagrados, sino que conectaban la economía regional a través del intercambio y las ofrendas ceremoniales.

Sin embargo, el peligro latía en las fracturas de la montaña. Un golpe desafortunado provocó el colapso repentino del techo de su galería, sepultándolo con todo su instrumental de trabajo. Los intentos por escapar resultaron inútiles. En la profunda sequedad del entorno minero, la historia de este hombre parecía haber concluido de forma trágica. Pero la geología del lugar tenía otros planes: con el transcurrir de las centurias, la lenta y constante infiltración de soluciones ricas en minerales de cobre penetró los tejidos de su organismo, tiñendo su piel de un verde perenne y preservando su fisonomía mediante un proceso natural de momificación.

Fotografía del hallazgo en 1899.
Fotografía del hallazgo en 1899.

1899: El desentierro de un humano mineralizado

Catorce siglos después, el panorama de Chuquicamata era radicalmente distinto, aunque la obsesión por la tierra seguía siendo la misma. En 1899, la minería del cobre en la zona era todavía una actividad rudimentaria y artesanal, opacada por la colosal fiebre del salitre en el norte de Chile. Fue en una pequeña faena bautizada como La Restauradora donde un grupo de operarios modernos removió los escombros de un antiguo túnel derrumbado y se encontró con un hallazgo escalofriante: el cuerpo de un antiguo colega minero, de piel verdosa, ataviado únicamente con un taparrabo y tobilleras.

El descubrimiento desató de inmediato el asombro del administrador de la mina, un francés conocido como Monsieur Pidot, y atrajo la atención de aventureros e inversores extranjeros. Lo que debió haber sido tratado como un invaluable patrimonio arqueológico se convirtió rápidamente en un bien de especulación financiera. El ingeniero estadounidense Edward Jackson ofreció la entonces astronómica suma de $500 pesos de la época para adquirirlo, pero Pidot olió un negocio mayor y cerró un trato por $2,000 pesos con otro norteamericano, Norman Walker.

La transacción destapó una intrincada pugna legal. El dueño de la concesión minera, William Matthews, intentó vetar la operación argumentando que él arrendaba la mina pero no a las personas que morían en ella. La audaz e insólita defensa de Pidot sentó un precedente en los anales del mercado de antigüedades: alegó que, dado que el cuerpo de la momia poseía al menos un 1% de concentración de cobre en su composición mineral, debía ser considerada técnicamente como «mineral extraído» y, por ende, le pertenecía legítimamente.

El Hombre de Cobre o Momia de Chuquicamata. Fue encontrado en 1899 en Chile a una profundidad de unos 2m en un pozo minero. Foto: American Museum of Natural History, New York.
El Hombre de Cobre o Momia de Chuquicamata. Fue encontrado en 1899 en Chile a una profundidad de unos 2m en un pozo minero. Foto: American Museum of Natural History, New York.

De la codicia local al espectáculo en Nueva York

Tras un año de querellas, el cuerpo pasó a manos del señor Toyos (dueño de la mina Rosario del Llano) y luego retornó a Edward Jackson bajo la promesa de venderla a mayor precio en la capital. Al llegar a Santiago, la momia ya había perdido un dedo del pie debido a los toscos traslados. Al percibir el magnetismo comercial del hallazgo, Hermógenes Pérez de Arce —presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA) entre 1898 y 1902— firmó una alianza con Jackson para exhibir el cuerpo en Valparaíso. El éxito de taquilla fue rotundo, pero las ganancias prometidas nunca llegaron a manos del ingeniero. Indignado, el hermano de este, John Stewart Jackson, liquidó la pieza por $15,000 pesos chilenos a los empresarios Torres y Tornero.

La ambición de la sociedad Torres y Tornero cruzaba océanos. En 1901, Estados Unidos celebraba la fastuosa Exposición Panamericana en Buffalo, Nueva York, un evento diseñado para glorificar el progreso industrial, científico y tecnológico de los albores del siglo XX. Tras evadir retenciones aduaneras debido a la singularidad de su cargamento, los empresarios chilenos instalaron una vitrina privada y comenzaron a distribuir panfletos sensacionalistas en inglés que rezaban: «Human petrification: The only specimen in existence of a perfectly preserved body from a race which is now entirely extinct» (Petrificación humana: El único espécimen existente de un cuerpo perfectamente preservado de una raza ahora completamente extinta). La fascinación del público de la Costa Este fue tal que la policía local tuvo que intervenir y levantar cordones de seguridad cuando las multitudes rompieron los cristales para aproximarse al minero prehispánico.

Exposición Panamericana en Buffalo, Nueva York
Exposición Panamericana en Buffalo, Nueva York

El epílogo de un fraude y el legado científico

La vida de opulencia y deudas que Torres y Tornero mantuvieron en la metrópoli neoyorquina provocó el embargo de sus bienes por la firma Hemenway & Co. Los empresarios regresaron a Chile gracias a pasajes financiados por el cónsul general. De manera paralela, Edward Jackson envió emisarios legales para recuperar el dinero que aún se le adeudaba en Estados Unidos, solo para terminar siendo estafado una vez más por su propio representante neoyorquino, quien cobró las deudas pendientes, vendió el espécimen a un tercero y huyó con el botín. Desilusionado y en la quiebra respecto a esta empresa, Jackson escribió en 1912 una célebre frase de arrepentimiento: «Es un pecado negociar con cuerpos de hombres muertos y nunca lo volveré a hacer. Las momias subieron terriblemente de precio en el mercado después de nuestro hallazgo».

El turbulento viaje comercial del minero atacameño llegó a su fin en 1905. El célebre banquero y magnate financiero J.P. Morgan adquirió la pieza y la donó formalmente al American Museum of Natural History (AMNH) de Nueva York, donde fue bautizado definitivamente como el «Hombre de Cobre». Años más tarde, en 1912, el museo adquirió los martillos, cestos y capachos primitivos que W. H. Holmes había comprado previamente en Washington D.C., reuniendo finalmente al minero con sus herramientas de trabajo prehispánicas.

Reconstrucción de El Hombre de Cobre de Chuquicamata. Imagen: IA / prompt: Danny Ayala Hinojosa
Reconstrucción de El Hombre de Cobre de Chuquicamata. Imagen: IA / prompt: Danny Ayala Hinojosa

¿Quién fue el hombre de cobre?

Aunque hasta 1905 se creía que el cuerpo correspondía al de una mujer debido al intrincado estilo de sus trenzas, la aplicación de la primera tecnología radiográfica en 1923 determinó inequívocamente que se trataba de un individuo masculino y descartó fracturas previas al colapso del túnel. Fue el especialista Joseph H. Kraus quién sometió el cuerpo a la primera sesión de placas radiográficas, el examen reveló una deformación craneal intencional de tipo aplanamiento occipital artificial. Este rasgo se lograba mediante la aplicación de tablillas de madera fuertemente amarradas a la cabeza de los lactantes durante sus primeros meses de vida, cuando los huesos del cráneo son maleables.

Los exámenes confirmaron que la muerte sobrevino por asfixia y confinamiento. Décadas después, el arqueólogo Junius Bird analizó muestras de tejido dérmico mediante la metodología de datación por radiocarbono, fijando cronológicamente la existencia del minero en el año 550 d.C.

El llamado “Hombre de Cobre” hallado en Chuquicamata a fines del siglo XIX constituye un caso singular dentro de la antropología minera de Chile. Sus restos, completamente mineralizados por la acción de los compuestos de cobre presentes en el yacimiento, ofrecen una ventana única hacia las condiciones de trabajo y los riesgos que enfrentaban los mineros preindustriales y prehispánicos. El hallazgo, acompañado de herramientas rudimentarias, sugiere que se trataba de un trabajador que pereció en un accidente dentro de un socavón, convirtiéndose en uno de los primeros registros arqueológicos de la minería en la región.

Desde una perspectiva bioantropológica, el proceso de mineralización de los tejidos blandos y óseos del individuo permite estudiar cómo los ambientes ricos en minerales pueden alterar la preservación de los cuerpos humanos. A diferencia de las momias naturales de zonas áridas, el “Hombre de Cobre” muestra una fosilización parcial, donde la interacción química entre el cobre y la materia orgánica generó una especie de “petrificación”. Este fenómeno ha sido objeto de análisis comparativos con otros casos de momificación accidental, como los cuerpos hallados en minas de sal o turberas.

El contexto cultural también es relevante: Chuquicamata, antes de convertirse en uno de los mayores yacimientos de cobre del mundo, ya era explotado por comunidades locales que conocían las vetas superficiales. Antropológicamente, este hallazgo permite reconstruir la vida cotidiana de los trabajadores, sus técnicas de extracción y la precariedad de las condiciones en que se desenvolvían, condiciones que no variarían hasta la llegada de la Revolución Industrial.

Finalmente, el recorrido histórico del cuerpo —desde su hallazgo en Calama hasta su exhibición en museos internacionales— refleja también la dimensión patrimonial y ética de la antropología. El traslado del “Hombre de Cobre” a Nueva York y su posterior retorno a Chile ha generado debates sobre la apropiación cultural y la necesidad de conservar estos restos en su contexto original. Así, este caso no solo aporta información sobre la biología y la cultura minera, sino que también invita a reflexionar sobre la relación entre ciencia, patrimonio y memoria histórica.

Fuentes

  • Museo Nacional de Historia Natural de Chile (MNHN). (2016, 22 de julio). De Calama a Nueva York: las desventuras del hombre de cobre. Nota informativa del Área de Antropología escrita por Francisco Garrido. https://www.mnhn.gob.cl/noticias/de-calama-nueva-york-las-desventuras-del-hombre-de-cobre
  • Servicio Nacional del Patrimonio Cultural. (n.d.). Cuerpo momificado de minero prehispánico (Hombre de Cobre). Portal de Patrimonio Chileno. https://www.patrimoniocultural.gob.cl
  • University of Minnesota. (n.d.). The Copper Man: A Prehistoric Miner and His Tools. Bell Museum. https://www.bellmuseum.umn.edu
  • Fuller, D. R. (2004). The production of copper in 6th century Chile’s Chuquicamata mine. JOM, 56(11), 62-66. https://doi.org/10.1007/s11837-004-0256-6
  • Museo Chileno de Arte Precolombino. (n.d.). La deformación craneana en los Andes. Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino. https://www.precolombino.cl
  • Bird, J. B. (1979). The «Copper Man»: A prehistoric miner and his tools from northern Chile. En E. P. Benson (Ed.), Pre-Columbian Metallurgy of South America (pp. 105-132). Dumbarton Oaks Research Library and Collection. https://www.doaks.org
  • Kraus, J. H. (1923). X-Raying the past: Roentgen rays reveal the structure of an ancient mummy. The Mentor, 11(6), 46-51.
  • Preston, D. (1986). Dinosaurs in the Attic: An Excursion into the American Museum of Natural History. St. Martin’s Press. https://www.amnh.org
  • Piden retorno de ancestro andino conocido como “Hombre de Cobre”. (2019, 15 de abril). [Video de YouTube]. https://www.youtube.com/watch?v=2pc-EaBSEkE

Por Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.