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Representación del cometa-3I ATLAS. Imagen: IA.Representación del cometa-3I ATLAS. Imagen: IA.

Un análisis del cometa interestelar 3I/ATLAS revela que contiene niveles de agua semipesada no vistos, confirmando que nació en un entorno gélido y hostil, ajeno a las condiciones de nuestro vecindario cósmico.

El universo nos ha enviado una «botella con un mensaje» química. El cometa interestelar 3I/ATLAS, un viajero que no pertenece a nuestro sistema, ha sido analizado por un equipo de la Universidad de Michigan, revelando secretos que desafían nuestra comprensión sobre cómo se forman los mundos. Utilizando el radiotelescopio ALMA, los investigadores Luis E. Salazar Manzano y Teresa Paneque-Carreño detectaron una anomalía asombrosa: este objeto contiene 30 veces más agua semipesada (HDO) que cualquier cometa «local» nacido cerca de nuestro Sol.

El misterio del deuterio

Para entender la importancia de este hallazgo, debemos mirar la «receta» del agua. Mientras que el agua común (H2O) es la base de la vida, el agua semipesada (HDO) sustituye uno de sus átomos de hidrógeno por deuterio, un isótopo que incluye un neutrón extra. Imagina que el agua común es un corredor de maratón estándar y el agua semipesada es el mismo corredor, pero cargando una mochila pesada.

En nuestro Sistema Solar, encontrar esta «mochila» es raro: apenas una de cada 10,000 moléculas de agua la lleva. Sin embargo, en 3I/ATLAS, la abundancia es tal que supera en 40 veces la proporción de los océanos de la Tierra. Esta firma química no es azarosa; es un termómetro fósil.

Un origen a -243 grados Celsius

La metodología empleada fue crítica. El equipo aprovechó una ventana de apenas seis días tras el paso del cometa por su punto más cercano al Sol (perihelio). Gracias a la capacidad de ALMA para observar en frecuencias de radio, pudieron «ver» a través del resplandor solar donde otros telescopios quedan cegados.

Los datos numéricos son contundentes: la química necesaria para fijar tanto deuterio en el hielo solo ocurre en ambientes extremadamente fríos, por debajo de los 30 Kelvin (−243,15 ℃). Esto indica que la nube de gas que dio origen a la estrella y planetas del sistema de 3I/ATLAS era radicalmente distinta y mucho más gélida que la nebulosa protosolar que formó la Tierra.

Este hallazgo, publicado en Nature Astronomy, demuestra que nuestra «receta» planetaria no es la única en la galaxia. 3I/ATLAS es la prueba viviente de que allá afuera existen fábricas de mundos operando bajo leyes térmicas que apenas estamos empezando a descifrar.

Por Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.