Volcán de Fuego, Guatemala. Imagen captada en febrero de 2024. Crédito: Jerry C. MockVolcán de Fuego, Guatemala. Imagen captada en febrero de 2024. Crédito: Jerry C. Mock

La ciencia de vanguardia despliega redes masivas de bajo costo para capturar infrasonidos imperceptibles, revelando la dinámica oculta de volcanes, terremotos y avalanchas.

Desde hace más de una década, el Departamento de Geociencias de la Boise State University (BSU), liderado por investigadores como Jeffrey B. Johnson y Jacob F. Anderson, ha perfeccionado una estrategia de monitoreo denominada “large-N” sensing. Esta metodología consiste en el despliegue coordinado de decenas o cientos de sensores de bajo costo, conocidos como Gems, diseñados para operar en entornos donde el riesgo de pérdida por lava, flujos de detritos o incendios forestales es una realidad aceptada.

La voz de baja frecuencia

El infrasonido se define como el sonido con frecuencias inferiores a los 20 Hertz, el límite del oído humano. A diferencia de las ondas audibles, estas señales poseen longitudes de onda extensas que les permiten viajar distancias colosales con mínima atenuación. Los sensores Gem actúan como oídos electrónicos hipersensibles, con un rango dinámico que va desde los milipascales hasta los 100 pascales, permitiendo «escuchar» eventos violentos de forma remota.

Muchos procesos naturales violentos, incluidos deslizamientos de tierra, erupciones volcánicas, terremotos, avalanchas y meteoritos, producen infrasonidos. Estos eventos también pueden crear sonido audible, pero la banda subaudible suele ser mucho más energética en términos de intensidad sonora, y tiene longitudes de onda largas que pueden propagarse largas distancias con poca atenuación. Estas características hacen que el infrasonido sea especialmente valioso para la teledetección de fenómenos naturales.

Éxitos en el «Ojo del Huracán»

La robustez de esta red se puso a prueba durante el terremoto de magnitud 6.5 en Stanley, Idaho (2020). El despliegue de una matriz de más de 20 sensores permitió capturar cientos de réplicas infrasónicas locales. Sorprendentemente, el sistema también registró señales de fuentes distantes, como cascadas a 195 kilómetros de distancia y truenos a más de 900 kilómetros. Según el estudio de Anderson et al. (2023), el procesamiento de datos en subgrupos de sensores (en lugar de la matriz completa) optimiza la detección de los arribos infrasónicos más intensos, garantizando una redundancia crítica en zonas de alto peligro.

Por Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.