Cámaras trampa revelan que Python Cave, en Uganda, es un punto crítico de interacción entre murciélagos infectados, fauna silvestre y turistas sin protección.
En las profundidades del Parque Nacional Queen Elizabeth, la denominada Python Cave se ha convertido en un laboratorio natural de alto riesgo. Un equipo liderado por Bosco Atukwatse ha capturado, tras 368 noches de vigilancia, cómo el virus de Marburgo (pariente del Ébola) encuentra potenciales rutas de salida desde sus reservorios naturales, los murciélagos egipcios de la fruta (Rousettus aegyptiacus), hacia el resto del ecosistema.
La cueva funciona como un «embudo de depredación». Debido al colapso parcial de su techo, la distancia entre los murciélagos y el suelo se ha reducido drásticamente. Esto permite que depredadores como el leopardo (Panthera pardus) entren y cacen activamente: se documentó a un solo individuo realizando 43 incursiones exitosas. Otros visitantes frecuentes incluyen al varano del Nilo, buitres de palma y la geneta de manchas grandes, quienes interactúan con el guano y restos de murciélagos, creando un puente epidemiológico peligroso.
Sin embargo, el hallazgo más alarmante no es animal, sino humano. A pesar de existir una plataforma de observación a 30 metros de distancia diseñada para minimizar riesgos, las cámaras registraron a 214 personas —incluyendo turistas y grupos escolares— acercándose a la entrada de la cueva. De todos ellos, solo un visitante portaba mascarilla. Esta conducta rompe las barreras de seguridad ante un patógeno que causa fiebres hemorrágicas letales, recordando el caso de 2008 donde una turista holandesa contrajo la enfermedad en este mismo sitio.
El virus de Marburgo: Letalidad y Transmisión
El virus de Marburgo (MARV) es un patógeno de alta prioridad perteneciente a la familia Filoviridae, la misma que el Ébola, y se caracteriza por una tasa de letalidad extremadamente elevada que puede alcanzar hasta el 88% en brotes no controlados. Su transmisión inicial a los humanos ocurre generalmente por la exposición prolongada en minas o cuevas habitadas por colonias de murciélagos Rousettus aegyptiacus, los cuales actúan como reservorios naturales sin enfermar. Una vez en la población humana, el virus se propaga de persona a persona a través del contacto directo (piel lesionada o membranas mucosas) con sangre, secreciones, órganos u otros fluidos corporales de personas infectadas, así como con superficies y materiales (como ropa de cama o prendas de vestir) contaminados con estos fluidos. El periodo de incubación oscila entre los 2 y 21 días, desencadenando una fiebre hemorrágica severa que afecta múltiples sistemas orgánicos.
Python Cave: una red de depredación zoonótica
La fauna documentada en Python Cave revela un ecosistema dinámico donde la arquitectura de la cueva facilita el derrame viral (spillover). La investigación registró la presencia de una «guía de depredadores» que aprovechan la alta densidad de murciélagos egipcios de la fruta. El leopardo (Panthera pardus) destaca como el cazador más frecuente, seguido por el varano del Nilo (Varanus niloticus) y la geneta de manchas grandes (Genetta tigrina), quienes consumen murciélagos que caen al suelo o interactúan con el guano infectado. Además, la cueva alberga a la pitón de roca africana (Python sebae), que da nombre al lugar, y aves rapaces como el águila coronada (Stephanoaetus coronatus) y el buitre de las palmeras (Gypohierax angolensis). Esta interacción constante entre diversas especies de vertebrados crea múltiples puentes epidemiológicos que permiten al virus de Marburgo circular fuera de su reservorio primario, aumentando las probabilidades de contacto accidental con los seres humanos que visitan la zona.

