Un hallazgo fortuito en las tierras brumosas de Costa Rica ha revelado una cápsula del tiempo paleontológica: restos óseos de un mastodonte y un perezoso gigante de hasta 40.000 años de antigüedad.
En las profundidades de un terreno privado en Cartago, la tierra ha cedido un fragmento de su pasado. Lo que comenzó como una jornada laboral común, se transformó en uno de los descubrimientos más significativos de las últimas décadas en suelo costarricense.
Un joven trabajador de la zona, identificado como Esteban Brenes Granados, reportó el hallazgo, y además tuvo el honor de bautizar al mastodonte descubierto en la excavación. El ejemplar llevará el nombre de “Pitan”, apodo suyo durante su infancia. Un gesto simbólico que reconoce el papel de este ciudadano. El fósil del perezoso gigante también recibió su nombre propio. La geóloga María Sequeira propuso llamarlo “Tobi”.
Tras ser notificados, un equipo de 12 especialistas en geología, biología y arqueología, con apoyo de la Universidad de Costa Rica, logró rescatar 49 piezas óseas que pertenecieron a dos titanes de la megafauna prehistórica. La investigación fue liderada por Joanna Méndez Herrera, geóloga encargada de coordinar la excavación.
Para comprender la magnitud, imaginen al mastodonte —bautizado simbólicamente como «Pitan»— como un pariente robusto de los elefantes actuales, adaptado a climas diversos, y al perezoso gigante —nombrado «Tobi» por la geóloga María Sequeira— como una criatura que, lejos de la lentitud de sus parientes arbóreos actuales, recorría el paisaje con una masa imponente. Aunque la datación preliminar sitúa estos fósiles en un rango de entre 10.000 y 40.000 años, el equipo científico se prepara ahora para someter los restos a pruebas de carbono-14, el estándar de oro para refinar este calendario geológico y precisar exactamente cuándo estas criaturas dominaban el territorio centroamericano.
Con información de Universidad de Costa Rica.



