Un equipo de la Universidad de Sídney ha logrado una proeza en la producción de hidrógeno verde utilizando únicamente luz solar y galio líquido, eliminando la dependencia de agua dulce o desalinizada.
La transición hacia una economía basada en el hidrógeno enfrenta un obstáculo monumental: la necesidad de agua purificada para evitar la corrosión y el desgaste de los electrolizadores tradicionales. Investigadores de la Universidad de Sídney han sorteado esta barrera utilizando un metal líquido poco convencional: el galio.
El proceso funciona bajo una lógica de «cosecha molecular». Al dispersar diminutas gotas de galio en agua salada y exponerlas a la luz solar, el metal experimenta un cambio químico fundamental. La luz solar, al incidir sobre el metal, rompe su delgada capa de óxido natural, permitiendo que la superficie de galio reaccione directamente con el agua. El resultado es la liberación constante de moléculas de hidrógeno, sin la producción de burbujas de oxígeno que, en métodos convencionales, suelen representar un riesgo de mezclas explosivas.
Lo más prometedor de este sistema es su naturaleza circular. Una vez que el galio se transforma en oxihidróxido de galio, puede revertirse a su estado metálico original mediante un proceso electroquímico de consumo moderado, permitiendo su reutilización en ciclos sucesivos. Con una eficiencia global del 12,9 %, esta tecnología representa una ruta alternativa para la industria energética, especialmente en zonas costeras donde el acceso a agua dulce es limitado o costoso.
Aplicación Industrial
Esta tecnología se posiciona como una solución de potencial impacto para la industria pesada y el transporte de larga distancia. Al evitar la necesidad de plantas de desalinización previas, reduce la complejidad operativa y los costes energéticos asociados a la producción de hidrógeno verde, permitiendo un aprovechamiento directo de los recursos hídricos marinos en emplazamientos cercanos a los puntos de consumo.
Con información de Nature Communications.

