Los pigmentos de los tatuajes migran a los ganglios linfáticos en horas, desencadenando una respuesta inflamatoria crónica que podría comprometer la eficacia del sistema inmunitario a largo plazo.

¿Alguna vez te has preguntado a dónde va el arte que grabas en tu cuerpo? Aunque el diseño permanezca visible en la superficie, una expedición microscópica comienza apenas la aguja toca la dermis. Una investigación liderada por Santiago F. González, del Instituto de Investigación Biomédica de la Universidad de la Suiza Italiana, ha revelado que la tinta no es una viajera estática; en realidad, se desplaza rápidamente hacia los ganglios linfáticos, los «centinelas» de nuestras defensas.

Al llegar a estos órganos clave, unas células llamadas macrófagos intentan cumplir su misión de limpieza capturando los pigmentos. Sin embargo, a diferencia de las bacterias, la tinta (especialmente las variantes roja y negra) resulta indigerible. Esto provoca un ciclo de «captura y muerte celular»: el macrófago muere al no poder descomponer el pigmento, liberándolo de nuevo para ser capturado por otra célula, lo que mantiene una inflamación crónica que puede durar años.

Los investigadores encontraron que tras un rápido drenaje linfático, los macrófagos capturan principalmente la tinta en el ganglio linfático (LN). Tras la captura de la tinta se produce una reacción inflamatoria inicial a nivel local y sistémico que se mantiene con el tiempo, con signos claros de inflamación en el drenaje de hasta dos meses tras el tatuaje. Además, la captura de tinta por macrófagos se asoció con la inducción de apoptosis tanto en modelos humanos como murinos (ratones de laboratorio).

Además, la tinta acumulada en la LN alteró la respuesta inmunitaria frente a dos tipos diferentes de vacunas. Por un lado, se observó una reducción de la respuesta de anticuerpos tras la vacunación con una vacuna contra el coronavirus de síndrome respiratorio agudo grave 2 (ARNm) basada en ARNm, que se asoció con una disminución de la expresión de la proteína spike en macrófagos en el LN que drenaba. Se observó una respuesta mejorada cuando se vacunaba con la vacuna contra la gripe inactivada por radiación ultravioleta (UV).

El rigor de este estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, incluyó pruebas donde sujetos tatuados mostraron una producción de anticuerpos significativamente menor tras ser vacunados. Este hallazgo sugiere que la presencia constante de tinta en los ganglios distrae o debilita la capacidad del cuerpo para responder a amenazas externas, como infecciones o el desarrollo de células cancerígenas.

Teniendo en cuenta la tendencia actual del tatuaje en la población, estos estudios son cruciales para incorporar a los programas de toxicología e inmunología, y para alertar al público sobre el posible riesgo de la práctica del tatuaje asociada a una respuesta inmune alterada.

Con información de Proceedings of the National Academy of Sciences.

Por Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.