La National Nuclear Security Administration (NNSA) completó con éxito la extracción de todo el uranio enriquecido remanente en Venezuela, trasladándolo a EE. UU. para su reutilización en la nueva era de energía nuclear.
En una operación relámpago que combina diplomacia de alto nivel y precisión técnica, especialistas en seguridad nuclear han logrado neutralizar un foco de riesgo latente en el corazón de Sudamérica. El objetivo fue el reactor de investigación RV-1, una instalación que cesó sus funciones científicas en 1991 pero que aún custodiaba una carga crítica: 13.5 kilogramos de uranio con una pureza superior al umbral del 20%, lo que técnicamente lo clasificaba como material sensible.
El nivel de enriquecimiento del uranio extraído del reactor RV-1 en Venezuela se situaba justo por encima del umbral del 20% de isótopo U-235, lo que técnicamente lo clasifica como Uranio Altamente Enriquecido (HEU). Según los informes de la NNSA y el OIEA de mayo de 2026, la carga totalizaba 13.5 kilogramos (aproximadamente 30 libras). Este nivel de enriquecimiento es el límite crítico que separa el combustible de uso civil convencional (LEU) del material sensible; aunque se utilizaba para fines científicos y producción de radioisótopos, su superación del 20% generaba una preocupación persistente en materia de no proliferación y seguridad física.
Este material se considera «utilizable para armas» (weapon-usable) bajo ciertas condiciones, aunque no es el grado óptimo (generalmente +90%) para un artefacto nuclear. Con 13.5 kg, la cantidad retirada es inferior a la «cantidad significativa» definida por el OIEA para fabricar una bomba (estimada en 25 kg de U-235 contenido en HEU), pero su existencia representaba un riesgo de seguridad ante posibles robos o desvíos.
Como si de una coreografía logística se tratara, el equipo de la Oficina de No Proliferación de Defensa (DNN), liderado por el Dr. Matt Napoli, trabajó junto a expertos venezolanos del IVIC para embalar el combustible en contenedores especializados (casks). El material recorrió 160 kilómetros por tierra hasta alcanzar la costa, donde un buque de la firma británica Nuclear Transport Solutions esperaba para escoltar la carga hacia aguas estadounidenses.

De riesgo latente a disposición segura
El uranio, que durante décadas representó un desafío de seguridad, ha encontrado un nuevo propósito. Tras su arribo a las costas de EE. UU. a principios de mayo de 2026, fue trasladado al Savannah River Site (SRS). Allí, en la instalación de separaciones químicas H-Canyon, el material se procesará para obtener uranio de bajo enriquecimiento de alto ensayo (HALEU). Este material reconvertido es un combustible de alto valor para los nuevos reactores modulares pequeños (SMR) y micro-reactores de vanguardia.
La operación fue posible gracias a una «ventana de oportunidad» técnica y diplomática. Aunque Venezuela mantuvo vínculos estrechos con Irán —un aliado que ha desafiado históricamente los protocolos de inspección nuclear—, la administración de la NNSA logró priorizar la seguridad regional. Al retirar este combustible, se elimina físicamente la posibilidad de que tecnología o materiales nucleares sean intercambiados en el marco de la cooperación Caracas-Teherán, reduciendo drásticamente el riesgo de proliferación en Sudamérica y Oriente Medio.

A cambio de la entrega del uranio altamente enriquecido, Venezuela recibió asistencia técnica especializada y equipamiento de vanguardia para la modernización de sus capacidades de medicina nuclear y aplicaciones radiológicas civiles.
El procesamiento de este material en el Savannah River Site tiene un impacto directo en el sector energético privado. Al convertir el uranio recuperado en HALEU, el Departamento de Energía asegura el suministro crítico para empresas desarrolladoras de reactores modulares pequeños (SMR), un mercado en expansión que busca atraer capitales para la descarbonización industrial.

