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Obesidad y enfermedad hepática. Imagen: IA / Danny Ayala HinojosaObesidad y enfermedad hepática. Imagen: IA / Danny Ayala Hinojosa

Un estudio masivo de 23andMe publicado en Nature revela que dos variantes genéticas dictan cómo responde nuestro cuerpo a tratamientos como Ozempic o Mounjaro.

La ciencia identifica por fin las señales en nuestro ADN que regulan la eficacia y los efectos secundarios de los fármacos GLP-1. La lucha contra la obesidad ha entrado en una fase de exploración casi espacial, pero en lugar de telescopios, los científicos están utilizando mapas genéticos.

Imagina que los fármacos agonistas del receptor GLP-1 son llaves maestras diseñadas para abrir la cerradura del apetito en nuestro cerebro y sistema digestivo. El problema es que, aunque la llave es la misma para todos, la «cerradura» de cada persona —su genética— puede tener ligeras variaciones que facilitan o dificultan el giro de esa llave.

Investigadores liderados por Qiaojuan Jane Su han analizado el genoma de casi 28,000 personas para entender esta variabilidad. Han descubierto que variaciones específicas en el gen GLP1R (ubicado en el cromosoma 6) y en el gen GIPR (cromosoma 19) actúan como interruptores biológicos. Poseer una variante favorable en el gen GLP1R puede traducirse en una pérdida de peso adicional de aproximadamente 0.76 kg por cada alelo heredado. Es la diferencia entre un «respondedor» estándar y lo que los clínicos denominan un «hiperrespondedor».

Sin embargo, este mapa genético también revela zonas de turbulencia. Las variantes en el receptor GIPR parecen estar vinculadas a la aparición de efectos adversos, como náuseas o vómitos. Es como si el manual de instrucciones de nuestro cuerpo determinara no solo cuánta energía podemos ahorrar, sino también qué tan bien toleramos el motor del tratamiento.

A pesar de la precisión de este hallazgo (con una significación estadística de P = 2.9 × 10⁻¹⁰), los expertos advierten de que la genética es solo una pieza de un rompecabezas más grande. Factores como el sexo, la edad y la presencia de diabetes tipo 2 siguen siendo los navegadores principales para predecir el éxito de la terapia. Estamos ante el despertar de la medicina de precisión: un futuro donde, antes de emitir una receta, el médico podrá consultar tu código genético para elegir el fármaco con la precisión de un cirujano.

Este descubrimiento refuerza la posición comercial de empresas de genómica personal como 23andMe, que ya integra estos datos en modelos predictivos. La validación de estas dianas biológicas permite a las farmacéuticas refinar el desarrollo de nuevas moléculas y abre la puerta a tests de farmacogenómica que podrían comercializarse para personalizar el uso de semaglutida y tirzepatida en entornos clínicos.

Con información de Nature.

Por Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.