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¿El ejercicio extremo alarga los días o nos desgasta hasta el límite? Un masivo análisis de regresión lineal con más de 95.000 atletas de todo el planeta revela que la respuesta no está en entrenar más, sino en la combinación exacta de fuerza y resistencia.

Imaginen el cuerpo humano como un motor de carreras de alta ingeniería. Si lo sometemos exclusivamente a esfuerzos anaeróbicos brutales de resistencia estática o, por el contrario, a sobrecargas extremas de masa corporal, el sistema colapsa antes de tiempo. Sin embargo, si calibramos la máquina con una combinación perfecta de agilidad, explosión e intervalos aeróbicos, el kilometraje total del vehículo aumenta drásticamente. Esto es precisamente lo que ha demostrado un equipo de científicos de los Países Bajos, liderado por el Dr. Marco Demaria del Instituto ERIBA, al descifrar los registros de longevidad de miles de deportistas de élite que compitieron en un periodo que abarca desde finales del siglo XIX hasta el amanecer del siglo XXI.

El estudio determinó que los hombres que practican salto con pértiga (pole vaulting) ganan un promedio de 8,4 años de vida en comparación con el ciudadano promedio de su misma nacionalidad y época. Los gimnastas le siguen muy de cerca, registrando una ganancia de 8,2 años. ¿Cuál es el secreto de estas disciplinas? Los científicos teorizan que la clave radica en su naturaleza mixta. Son deportes que exigen un balance milimétrico entre la potencia anaeróbica (fuerza explosiva, control muscular absoluto) y la eficiencia aeróbica, optimizando la flexibilidad cardiovascular sin desgastar los tejidos de forma crónica.

En la otra cara de la moneda biológica, la arena del sumo y las canchas de voleibol muestran datos preocupantes. Los luchadores de sumo ven reducida su longevidad en un drástico promedio de 9,8 años, un fenómeno asociado al sobrepeso masivo inducido y los extremos metabólicos de su preparación. Por su parte, los jugadores masculinos de voleibol pierden 5,4 años respecto a la población de referencia, lo que abre nuevos interrogantes sobre los impactos del microimpacto repetitivo y sobre los perfiles de talla extremadamente alta en el desgaste fisiológico a largo plazo.

El tenis y el bádminton se alzaron como los monarcas universales de la salud tanto para hombres como para mujeres. Un tenista varón vive, de media, 5,7 años más, y una mujer tenista extiende su línea de vida en 2,8 años. Estos deportes de raqueta combinan intervalos de alta intensidad con pausas estratégicas, un estímulo ideal para la resiliencia mitocondrial y la salud cardiovascular profunda.

Al contrario, cuando pensamos en los futbolistas y jugadores de rugby corriendo sobre el césped o en los baloncestistas encestando bajo una presión cardíaca asombrosa, solemos asumir que su entrenamiento les otorgará una mayor longevidad. Sin embargo, la ciencia observacional acaba de desmontar este mito mediante análisis de datos masivos. Los resultados sitúan al fútbol y al baloncesto en una posición inesperada: la neutralidad absoluta, en cualquier caso, practicar algún deporte mejora la salud y bienestar general, aún si no se traduce en una mayor longevidad.

Con información de GeroScience.

Por Danny Ayala Hinojosa

Director de Ciencia1.comApasionado por la ciencia y la tecnología, los viajes y la exploración de ideas en general. Profesional en IT: aplicaciones web y análisis de datos. Hoy emprendiendo en periodismo digital.