Descrita en una de las regiones más inexploradas de Ecuador, esta nueva especie de piel translúcida rinde tributo a la fuerza femenina y a la gloria olímpica del país.
En el corazón de la remota Cordillera del Cóndor, una expedición científica ha desenterrado un secreto evolutivo que permaneció oculto por más de 4 millones de años. Se trata de la rana de cristal de Dajomes (Nymphargus dajomesae), un anfibio de la familia Centrolenidae que parece una joya viviente: su piel es tan translúcida que permite observar el latido de sus órganos internos sin necesidad de cirugía, se caracteriza también por un dorso uniformemente verde sin manchas, piel dorsal asombrada y peritoneo blanco que cubre el esófago y el estómago.
Este descubrimiento no solo es un hito biológico, sino un homenaje cultural. El nombre específico, dajomesae, honra a Neisi Dajomes, la primera mujer ecuatoriana en alcanzar la cima del podio olímpico con una medalla de oro. Liderado por la investigadora Mylena Masache, junto a los científicos Santiago Ron y Diego Cisneros-Heredia de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, el estudio revela que esta rana es el testimonio de un «mundo perdido» de biodiversidad.
Metodología y Linaje Temporal
El equipo realizó incursiones críticas en la Reserva Biológica El Quimi durante 2017 y 2018. Mediante análisis filogenéticos y comparaciones de ADN, los investigadores determinaron que Nymphargus dajomesae se separó de sus parientes cercanos durante el Plioceno, hace aproximadamente 4.5 millones de años. Lo más impactante del hallazgo es el entorno: en las expediciones realizadas, más del 85% de los anfibios registrados resultaron ser especies nuevas para la ciencia, subrayando la urgencia de proteger este enclave amazónico.

La nueva especie es hermana de una especie no descrita, también del suroeste de Ecuador, y ambas pertenecen a un clado que incluye a N. buenaventura, N. cariticommatus, N. griffithsi, N. lasgralarias, N. sucre y N. wileyi. La Cordillera del Cóndor actúa como un «laboratorio natural» aislado, donde la evolución ha seguido rutas únicas, pero que hoy enfrenta la presión de ser una de las fronteras biológicas menos protegidas del sureste ecuatoriano.
Debido a su lejanía y a su compleja geología y geografía, la Cordillera del Cóndor posee una biodiversidad única, incluyendo al menos 23 especies endémicas de ranas: Centrolene condor; Excidobates cóndor; Hyloxalus mystax; Hyloscirtus cóndor; H. hillisi; Nymphargus colomai; N. lindae; Hyloscirtus maycu; Osteocephalus duellmani; Lynchius simmonsi; Phyllonastes arutam, Phyllonastes plateadensis; Pristimantis barrigai; P. daquilemai; P. ledzeppelin; P. minimus; P. muranunka; Pristimantis muscosus; P. nangaritza; P. nanus; P. paquishae; P. pramukae; y P. yantzaza.
Con información de PLO ONE.

