Estudios recientes confirman que los perros no solo experimentan celos, sino que son capaces de representarlos mentalmente, incluso cuando no pueden ver la interacción entre su dueño y un rival social.
¿Alguna vez has sentido que tu perro intenta llamar tu atención cuando acaricias a otro animal? Durante mucho tiempo, se debatió si esto era una emoción compleja o simplemente una reacción instintiva. Charles Darwin ya lo sospechaba en 1871 al observar cómo un perro reacciona ante la atención que su dueño prodiga a otros seres.
Hoy, la ciencia ha dejado de lado las suposiciones para adentrarse en el «Clever Canine Lab». Un equipo de investigadores de la Universidad de Auckland ha demostrado que nuestros compañeros caninos poseen una capacidad cognitiva más profunda de lo que pensábamos. Amalia P. M. Bastos y su equipo han demostrado que los perros no solo actúan por instinto, sino que son capaces de realizar una representación mental de situaciones sociales que amenazan su vínculo con sus dueños.
A través de un experimento controlado, el equipo observó cómo 18 perros reaccionaban ante sus dueños. Utilizando un medidor de fuerza, midieron el impulso del perro por acercarse a su dueño en dos escenarios: cuando este interactuaba con un perro de peluche realista y cuando lo hacía con un cilindro de felpa inanimado. Los resultados fueron contundentes: los perros tiraban con mucha más fuerza (M=158.03 N) cuando percibían que su dueño interactuaba con otro perro, incluso si ese rival estaba oculto tras una barrera.
Este comportamiento demuestra tres «firmas» de celos humanos: los perros reaccionan ante la amenaza a su vínculo social, no ante la mera presencia de otro animal, y pueden inferir una interacción celosa mediante representación mental, una habilidad que se creía exclusiva de nuestra especie.

