El telescopio James Webb de la NASA, considerado el más potente hasta ahora construido, ha captado la explosión de una estrella masiva ocurrida cuando el universo apenas tenía 730 millones de años de edad, es decir, solo el 5% de su tiempo actual.
El descubrimiento comenzó en marzo de 2025, cuando una red internacional de observatorios detectó un estallido de rayos gamma, bautizado como GRB 250314A. Estos destellos son breves pero increíblemente brillantes, y suelen ser señales de fenómenos extremos. Meses después, el James Webb confirmó que la fuente de esa luz era una supernova: la muerte violenta de una estrella gigante. Con ello, superó su propio récord anterior, que se remontaba a una explosión ocurrida cuando el universo tenía 1,800 millones de años.
Andrew Levan, investigador principal del estudio, explicó: “Solo el Webb podía mostrar directamente que esta luz proviene de una supernova, una estrella masiva colapsando”. Su comentario refleja la importancia de este telescopio, capaz de observar en el infrarrojo cercano con una sensibilidad sin precedentes.
Lo sorprendente es que, pese a tratarse de una estrella de los primeros tiempos del cosmos, la supernova resultó ser muy similar a las que hoy se observan en nuestra galaxia. Esto desconcierta a los científicos, pues se esperaba que las primeras estrellas, con menos elementos pesados, tuvieran explosiones diferentes. En palabras de los investigadores, es “terriblemente similar” a las supernovas modernas.
Además, el Webb logró identificar la galaxia anfitriona de la supernova, una diminuta mancha roja en el firmamento. Esa apariencia se debe a la expansión del universo, que ha estirado la luz durante miles de millones de años hasta llegar a nosotros. Este detalle es crucial, porque permite ubicar el contexto en el que ocurrió la explosión y estudiar cómo se formaban las primeras galaxias.
El éxito de esta observación fue posible gracias a la colaboración internacional. El satélite franco-chino SVOM, el observatorio Neil Gehrels Swift de la NASA y telescopios terrestres en Chile y las Islas Canarias trabajaron en conjunto para seguir el evento. El James Webb, con su precisión, realizó observaciones justo cuando la supernova alcanzaba su máximo brillo.
Este hallazgo no solo es un récord científico, sino también una ventana al amanecer del cosmos. Cada nueva observación de este tipo ayuda a responder preguntas fundamentales: ¿cómo se formaron las primeras galaxias?, ¿qué papel jugaron las primeras estrellas en la evolución del universo?, ¿por qué algunas explosiones antiguas se parecen tanto a las actuales?
Con información en Astrophysical Journal Letters
