En la ciudad antigua de Jerash, Jordania, arqueólogos han descubierto una fosa común con más de 230 cuerpos, fechada en torno al siglo VI d.C. Este hallazgo constituye la primera evidencia directa del impacto humano de la Peste de Justiniano, considerada la primera pandemia documentada de la historia.
La enfermedad, causada por la bacteria Yersinia pestis, se propagó desde Egipto hacia el Mediterráneo oriental y devastó al Imperio Bizantino. Los investigadores destacan que la fosa se encuentra en el antiguo hipódromo de Jerash, un espacio público convertido en improvisado cementerio ante la magnitud de la crisis. Según el equipo internacional, este enterramiento masivo revela cómo la vida urbana, la movilidad y la desigualdad social fueron factores clave en la propagación de la pandemia.
Los análisis de isótopos estables de carbono y nitrógeno en el colágeno óseo humano muestran que la dieta de las personas enterradas estaba basada principalmente en recursos de tipo C3 (plantas como trigo, cebada, lentejas y otros cultivos típicos de la región).
En cambio, los isótopos de oxígeno medidos en el esmalte dental presentan una variación mucho más amplia que la observada en poblaciones que vivieron de manera estable y prolongada en lugares como Tell Dothan, Pella o Faynan en el Levante.
Aunque los isótopos de oxígeno no permiten identificar con precisión el origen geográfico de cada individuo, la gran diversidad encontrada —y que corresponde a personas enterradas en un mismo evento funerario ocurrido en cuestión de días o semanas— sugiere que los individuos crecieron en entornos acuáticos infantiles diferentes (es decir, con distintas fuentes de agua durante su niñez).
De manera cautelosa, los investigadores interpretan este patrón como evidencia de que las víctimas de la fosa común de Jerash tuvieron experiencias de vida heterogéneas, lo que refleja la diversidad social y ambiental de quienes murieron durante la crisis de la pandemia de Justiniano.

Impacto social y científico
La Peste de Justiniano, iniciada en el año 541 d.C., provocó millones de muertes y alteró profundamente la economía y la organización social del Mediterráneo. El hallazgo en Jerash confirma que la mortalidad fue tan elevada que las comunidades no pudieron mantener sus rituales funerarios tradicionales, recurriendo a fosas comunes para dar sepultura rápida a las víctimas.
El bioarqueólogo Greg O’Corry-Crowe subrayó que este descubrimiento permite “reconstruir el impacto humano de la pandemia con una claridad inédita”, ya que hasta ahora la información provenía principalmente de textos históricos. La diversidad genética encontrada en los restos también sugiere que Jerash era un centro urbano con gran movilidad poblacional, lo que facilitó la rápida expansión de la enfermedad.
Los expertos señalan que este hallazgo no solo aporta datos sobre el pasado, sino que también ayuda a comprender cómo las pandemias moldean las sociedades. La comparación con crisis recientes, como la COVID-19, muestra que los patrones de propagación —movilidad, urbanización y desigualdad— siguen siendo factores determinantes.
Con información de Journal of Archaeological Science

