Imagina un mundo antiguo donde comunidades indígenas en las costas del sur de Brasil se aventuraban al mar para cazar gigantescas ballenas, mucho antes de que esta práctica se conociera en otras partes del planeta.
Un nuevo estudio liderado por arqueólogos brasileños y españoles revela que la caza activa de ballenas podría haber comenzado hace unos 5.000 años en las tierras bajas de América del Sur, específicamente en la bahía de Babitonga, en el estado de Santa Catarina. Esto desafía la idea tradicional de que las primeras cacerías organizadas de estos mamíferos marinos ocurrieron en el hemisferio norte, como en las costas del Pacífico Norte o el Atlántico, hace apenas 2.500 o 3.500 años.
Hasta ahora, los historiadores y arqueólogos creían que culturas como las rusas, japonesas, canadienses o estadounidenses fueron pioneras en esta actividad, asociada a aguas frías y entornos árticos. Sin embargo, este hallazgo demuestra que no era necesario el frío polar para dominar el arte de la caza de ballenas. Las comunidades precoloniales de Brasil, conocidas por construir montículos de conchas llamados sambaquis, no solo recolectaban moluscos y pescaban en la costa, sino que también salían al océano con armas especializadas para capturar ballenas migratorias. Estos sambaquis, que sirven como sitios arqueológicos, están repletos de huesos de ballenas, lo que sugiere que estos animales eran una fuente vital de recursos: carne para alimentarse, aceite para iluminación y herramientas, y huesos para rituales religiosos y fabricar más armas.
El equipo de investigadores, dirigido por André Colonese, un arqueólogo brasileño de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), analizó artefactos olvidados en el Museo Arqueológico del Sambaqui de Joinville. Estos objetos, recolectados entre 1940 y 1960 por el naturalista Guilherme Tiburtius, incluyen arpones, caparazones de arpón y puntas de arpón en perfecto estado. Mediante datación radiocarbónica, confirmaron que datan de hace 5.000 años. “Hemos revivido un debate que estaba un poco adormecido”, comenta Colonese con entusiasmo. Él describe la escena de manera vívida: “Hombres que llegaban triunfantes tras cazar una enorme ballena en invierno, admirados y desatando una celebración. La comunidad reunida: habían logrado garantizar carne, aceite y enormes huesos para rituales religiosos, herramientas y más armas por largo tiempo”.
El estudio no solo se basa en los arpones, sino también en la abundancia de huesos de ballenas en más de 200 sambaquis documentados en la bahía de Babitonga. Estas comunidades no cazaban de forma oportunista, esperando que las ballenas encallaran, sino que las perseguían activamente, lo que indica un nivel de organización y conocimiento marítimo avanzado.

Las implicaciones de este descubrimiento son fascinantes. Muestra que las culturas sambaqui eran más complejas de lo que se pensaba, con las ballenas jugando un rol central en su economía, ceremonias y supervivencia. Además, resalta la diversidad de ballenas que migraban por esas costas, como especies que aún hoy recorren el Atlántico sur. Colonese enfatiza: “Que para que se cazaran ballenas no hacía falta estar en aguas frías, que los sambaquis eran culturas aún más complejas y ceremoniales, que la diversidad de ballenas que ha migrado por esa zona es enorme. Pero, sobre todo, que en Sudamérica también hay pistas para entender lo que fue un antiguo mundo”.
Este hallazgo no solo reescribe la historia global de la caza de ballenas, sino que invita a reflexionar sobre el legado indígena de América del Sur. En un continente rico en biodiversidad marina, estas comunidades demostraron ingenio y respeto por el océano miles de años antes de la colonización.
Con información de Nature Communications
